1. La importancia de reconceptualizar científicamente la Alta Capacidad Intelectual
El creciente interés hacia la Alta Capacidad Intelectual (ACI) no siempre está acompañado de la suficiente claridad hacia su naturaleza, lo cual repercute en la fiabilidad de su identificación, la eficacia de la intervención educativa y la necesaria toma de decisiones.
Expertos internacionales, como Renzulli (2024), aconsejan adoptar definiciones operativas basadas en largas trayectorias científico-aplicadas. Por ejemplo, compartimos una definición operativa que ha ofrecido recientemente (Sternberg, Renzulli y Ambrose, 2024).

Las conductas de las personas con Alta Capacidad se reflejan en una comprensión avanzada del conocimiento y unas habilidades analíticas relacionadas con un tópico, en un intenso y apasionado perseguir la comprensión profunda y preparación de un producto en un área determinada, así como el uso del pensamiento creativo y del funcionamiento ejecutivo, para abordar el tema con el modus operandi de un profesional en ejercicio, aunque sea a un nivel más básico que el de los científicos, escritores, etc. adultos.
Estas conductas pueden desarrollarse en algunas personas (no todas), en determinados momentos (no siempre) y en dominios de estudio o áreas específicas. Su expresión (no las puntuaciones en un test) es la forma en la que, a lo largo de la historia, determinadas personas han hecho importantes contribuciones para el avance de la civilización humana (Renzulli, 2024, p. 234).
La Alta Capacidad Intelectual no consiste solo en la disposición de altos recursos intelectuales que pueden manifestarse (o no) en altos logros individuales, sino también en cómo se utilizan estos altos recursos para realizar contribuciones significativas para el progreso social común (Sternberg, 2024, p. 234).

2. La importancia de identificar fiable y establemente la existencia de una Alta Capacidad Intelectual
La identificación de la ACI es un proceso en el que se obtienen identificadores objetivos y fiables sobre la existencia (o no) de un alto potencial intelectual, acorde con las definiciones científicamente sustentadas de la ACI.
Es imprescindible lograr la mayor fiabilidad posible en la identificación, dado que va a fundamentar la importante toma de decisiones sobre la futura Educación y desarrollo de la persona.
- Lo necesario es medir lo esencial en la ACI; es decir, la configuración multidimensional de habilidades intelectuales (lógico deductivas y creatividad), que pueden indicar objetivamente la existencia de un alto potencial intelectual y, en él, los perfiles de superdotación o talento que configuran la ACI. Basarla solo en el cociente intelectual es una posición rígida e insuficiente, que excluye a demasiadas personas o puede generar confusión con otros perfiles, como los de alta motivación hacia el rendimiento (Sternberg, Renzulli y Ambrose, 2024).
- En este proceso de identificación, hay tres momentos clave (o fases), cada uno con sus objetivos, agentes e instrumentos: fase de screening o cribado, fase de identificación y fase de ampliación.
- Es óptimo que la identificación sea corroborada en, al menos, una segunda medida y con la recogida de datos sobre los logros educativos escolares y extraescolares, y la eficacia en la resolución de tareas de la persona.
3. La importancia de redefinir la Educación de la Alta Capacidad Intelectual
La compleja sociedad del S. XXI no puede permitirse ser negligente ante el capital que aportan los aprendices con Alta Capacidad Intelectual y sus posibles contribuciones para el progreso ético.
La investigación actual hace repensar el paradigma tradicional de la Alta Capacidad Intelectual y, con él, el de su Educación, que se define por: el para qué, el qué, el cómo y el a quién va dirigida (Dai, 2020).
